Ordo Fratrum Minorum Capuccinorum ES

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updated 9:58 AM UTC, Jun 13, 2024

Saludos pascuales del Ministro general

 

Queridos hermanos:

estamos llegando también este año a la Pascua del Señor, estamos en la Semana Santa, e imagino que todos estáis afanados por vivir bien estos momentos, cada uno en sus propias realidades, diversísimas realidades donde estamos insertos en el mundo. Entones, como todos los años, aprovecho este momento para enviaros una palabra, un saludo, un deseo.

Imagino que gran parte de vosotros sigue con atención las conferencias que nuestro hermano, el Cardenal Raniero Cantalamessa, prepara para la Cuaresma y para la Navidad, las predicas de los viernes. Si tuvieron la ocasión de escuchar la última, la del viernes pasado, habréis visto con cuanta energía el padre Raniero, aún a su edad, ha hablado a los miembros de la Ciudad del Vaticano, y a todo el mundo, en su conferencia.

Me quedé admirado por la fuerza con la cual repitió: “ánimo, porque el Señor está con vosotros”. No es una invitación a la confianza hecho de palabras, de una palmada en el hombro o en la mejilla, para poder seguir adelante no obstante todas las dificultades; es una invitación al valor, que tiene un fundamento muy fuerte, es decir, la certeza de que el Señor está presente en medio de nosotros. Él es la cabeza de la Iglesia, la cabeza presente y operante de la iglesia; Él continúa conduciendo la historia, la historia general, y también la historia de nuestras comunidades locales, de las fraternidades, nuestra historia personal; la conduce permaneciendo con nosotros, mediante la presencia del Espíritu que nos guía a la libertad, que nos guía a toda la verdad.

Quisiera aprovechar esta invitación del padre Raniero para deciros a cada uno de vosotros: mirad que el Señor Jesús no es un Señor que vino una vez y que queda en una historia del pasado que hizo cosas hermosas por cada uno de nosotros, pero que ahora no está más.

El Señor se presenta como el Viviente, es el Viviente, ¡el Viviente!

Pensaba en estos días en particular sobre este modo occidental que está un poco -como decir- separado de Dios, como si Dios no estuviese, como si no tuviera nada que decir: quizás hemos olvidado, o este mundo se ha olvidado, de que Dios, en cambio, está presente hoy y vivo. ¡Que Dios está vivo! Pero quizás también sucede que en la historia personal de cada uno de nosotros: a veces afrontamos las dificultades personales o comunitarias, los desafíos que tenemos, las actividades a desarrollar… las afrontamos pensando que todo sea fruto de nuestro esfuerzo, de nuestro trabajo, de nuestra fatiga. Es también todo esto, y gracias al Cielo tenemos la suerte de ser una Orden grande en la cual estamos comprometidos seriamente en caminar bien según Dios, para anuncia su Reino. Pero a veces el cansancio, la desesperanza, la tristeza nos abaten, confiando sólo en nuestras fuerzas, o en nuestra inteligencia, o en nuestras estrategias, olvidamos que hay Alguien que está a nuestro lado, que camina con nosotros, que sostiene el destino del bien, que gobierna y obra eficazmente, con la eficacia que viene del Espíritu Santo, presente en medio de nosotros: es el Espíritu que guía, que sostiene, que ilumina, por cuya acción también nosotros podemos comprometernos perennemente renovados.

Creo que el desafío más grande y más prometedor para cada uno de nosotros es el de aprender a leer los signos del Espíritu, aprender a escuchar su voz. Esto se puede ver operante, presencia de Jesús con nosotros, Señor de la historia. Se puede percibir la cercanía de Dios, vivo en medio de nosotros.

El deseo que os dirijo en esta Pascua es este: que podáis sentir vivo al Señor Jesús, operante con su Espíritu en vuestra historia, en vuestros acontecimientos, y así gustar y ofrecer una real contribución de esperanza y de fe, de serenidad, de fuerza, a vosotros mismos, a vuestras fraternidades, a todos los hombre y a todo el mundo que os circunda, cualquiera sea la condición social, cultural y humana de quien os esté a vuestro lado.

Hermanos: el Señor Jesús es el Viviente. Muchas felicidades.